Localizar ideas, implantar soluciones: El Teaming Test
A pesar de las aparentes intenciones de tomar estadísticamente las impresiones de los trabajadores de una empresa, ¿cuántas veces una idea salida de, por ejemplo, un buzón de sugerencias se convierte en un cambio real para la empresa? Casi nunca. Implantar una sencilla pero buena idea es un reto increíblemente difícil si no se maneja de una forma táctica. Hagan la prueba con el Teaming Test:
Primero traten de sondear a la gente, pregúntenle que le parece que las personas puedan aportar un euro de su nómina a fines benéficos. La mayoría responden que es una muy buena idea, tan sencilla… se tramita colectivamente a través de la empresa hacia la causa y ong que los empleados elijen, lo cual tiene mucho de transparencia y responsabilidad social. ¿Cómo no se nos había ocurrido antes? Luego trate de implantarla y se sorprenderá de las mil y una suspicacias que puede llegar a crear la iniciativa. Se evaluará donde van los beneficios fiscales, si se trata de un tejemaneje y de quien es el bolsillo, cual es el objetivo real de una cosa así, etc.etc.etc. La idea de aportar un granito de arena que forma montañas entre todos, gusta a mucha gente que quiere sentirse en colectividad, unir esfuerzos, dirigirse hacia algo común. Pero el idealismo se trunca fácilmente cuando un compañero le hecha una maldición a la iniciativa, cosa que corta el rollo, hace replantearse si uno es ingenuo y se está dejando manipular por alguna mano negra que todo lo mueve y de todo se aprovecha.
El esfuerzo en muchos casos deja sorprendentemente de dirigirse hacia el desarrollo de la sencilla idea, se buscan culpables, justificaciones morales para posturas antisistema (el jefe?) y se emplea la mayoría del esfuerzo en ensalzar debates sobre si somos o no solidarios que se harán infinitos. Sobre quien debe cargar el peso de la responsabilidad social, infinitos. ¿Y todo por qué? Por plantearse el donar un solo euro mensual que podríamos tirar en una cloaca sin darnos cuenta. El método Grönholm se queda corto.
Una regla de tres que no suele fallar. Si esto beneficia a alguien más indirectamente, mejor que se joda. Y sencillamente se pierde de vista el primer objetivo, que en este caso era ayudar a alguien necesitado, independientemente de lo bien o mal que le vaya a la empresa canalizar una via Teaming, pues tendrá sus cosas buenas y malas, no tendré beneficios fiscales según como, tendrá que costes de gestión de nóminas, pero tendrá un método de responsabilidad social muy transparente, etc.Por otro lado se darán cuenta del grado de burocracia y comunicación interna que requiere la implantación de una idea tan concreta, que requiere de la participación voluntaria, consenso de sus participantes, aceptación de ciertos directivos, y la puesta en marcha de la cosa. Si esto se convierte en una carrera de obstáculos infranqueable, me pregunto como será cuando tengan que implantarle una solución de ERPs.Lo deprimente es el poder de la negatividad. Cuando el hecho que unas cuantas malas opiniones (en realidad la mayoría se pueden aplicar a excusas para no afrontar una actitud solidaria o al desconocimiento de la transparencia de la iniciativa Teaming) puedan desanimar a las opiniones positivas. Qué poca fuerza tiene una opinión positiva cuando se trata de mejorar a un tercero. Si la participación es voluntaria y abierta, ¿porqué hay agentes que se ocupan de desanimar al resto? ¿De ridiculizar su voluntad? Así no hay quien se atreva a dar una idea…
Si uno no está de acuerdo no participa y deja que los demás prosigan. Si hace campaña en contra corta la cadena, la difusión, las alas, el crecimiento de la idea. Una gran responsabilidad cuando se trata de algo que vive y crece de los granitos de arena de todos.
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